¿Sexo en la edad adulta?  ¿Y por qué no? - Psicóloga Luz Marina Hoyos Duque
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¿Sexo en la edad adulta?  ¿Y por qué no?

¿Sexo en la edad adulta?  ¿Y por qué no?

Estoy en clase de pintura y fotografía, aprendiendo y  como en casi todos los talleres, seminarios y eventos que imparto y  a los que asisto, la mayoría del público son mujeres, el siglo XXI es el siglo de la mujer.  Entre vinilos de colores, brochas y objetos que posan salió a la luz el tema de la sexualidad, ¿es pertinente en la edad adulta? ¿Todavía nos habita el deseo y las ganas? ¿Puede ser satisfactoria la sexualidad a esta edad plena de arrugas? Y otras afirmaciones impublicables en este contexto.

En esa discusión desenfadada, espontanea y algo ligera de mis compañeras,  me di cuenta de que leemos la sexualidad como genitalidad.  La sexualidad  se lee como el desfogue de la  pasión, la orilla vertiginosa del desenfreno. En el imaginario  quedó suspendido hacer el amor y orgasmo. No se registra como algo primordial de la personalidad, un modo especifico de ser, de manifestarse, de comunicarse con el otro, de sentir, expresar y vivir el amor del sujeto humano. La sexualidad lo inunda todo: la psique, las relaciones, la personalidad. Leer la sexualidad de tal manera es olvidar  que todo tiene una cadencia, un ritmo y que en la etapa otoñal también se puede tener una buena sexualidad, pues ésta abarca mucho más que genitalidad y penetración, aquí caben las caricias, los besos, los abrazos, los susurros al oído, los arrumacos, los te quiero cómplices, el contacto de los cuerpos que se reconocen, se desean y se eligen de día en día. Entonces estamos claros, toda actividad, toda conducta, todo sentimiento y emoción queda impregnada por la sexualidad

La revista semana reseña los puntos de vista en torno al tema de la psicóloga clínica Marie de Hennezel,  especialista en envejecimiento quien acaba de publicar el libro “Sexo después de los sesenta” donde como experta expone sus puntos de vista, algunos controvertidos,  para mantener viva la llama de la pasión.

En la edad adulta las hormonas están en otro nivel, en la adolescencia somos puras hormonas, en la edad adulta el desbalance de estrógenos y testosterona juega un papel primordial en la baja de la libido sexual, no obstante,  pese a lo anterior,  existen estrategias a implementar para continuar disfrutando de una sexualidad plena en esta etapa de la vida.

A continuación mi lectura sobre lo que Hennezel propone:

  1. Con amor y sin afán: dar mayor cabida a las caricias, las ternuras el juego previo. El conocimiento del cuerpo del otro, las pausas y la creatividad entran en la escena.
  2. Cuida de tu figura: por supuesto, el cuerpo cambia, la fuerza de gravedad se impone con fuerza, la flacidez grita, el ejercicio físico y la alimentación balanceada podrán jugar a tu favor, sin obsesiones, con auto respeto y aceptación.
  3. Seducción a la orden del día: ¿cuáles estrategias utilizaste en tus años mozos? Música, velas, incienso, bailes, juguetes? Rescátalos del baúl.
  4. Cine erótico: atención: cine erótico para estimular la sensualidad, no triple XXX, la psique femenina, requiere de los ritmos y las cadencias del primero, no de lo explicito del triple XXX que desfigura y deforma la sexualidad.
  5. Explora el Tantra: una visión espiritual de la sexualidad, por ejemplo realizar rituales prolongados de mirarse a los ojos abrazados. Aquí la dificultad será convencer al otro.
  6. Sí a la infidelidad, pero con cuidado: propone textual Hennezel, una canita al aire, siempre y cuando sea consensuado. No sé, quizá las mujeres sean más “open mind” al respecto, para los hombres es más difícil tolerar una infidelidad de su pareja, así como la cultura europea, Hennezel es francesa. No sé, ¿la idea es convocar la sensualidad, despertar el deseo del otro, desde esa orilla de que puedo perderte? Bastante arriesgado.

Ideas para implementar por las parejas adultas e incluso por las más jóvenes, éstas también acusan flaquezas y decremento en la libido, cuando las sombras de ambos irrumpe, la pasión se fuga y entra por las rendijas de las puertas y las ventanas el aburrimiento y el desgano.

 

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