Mi ritual de fin de año

Mi ritual de fin de año

Los rituales son tan antiguos como el hombre mismo, ellos consolidan nuestra identidad y nos conectan con el colectivo. En nuestro contexto cultural tenemos rituales por doquier: el bautismo, la confirmación, la primera comunión, el matrimonio, los funerales, la novena de navidad, todos son rituales, cada uno tiene un objetivo específico y claro.

Empecé con los rituales desde niña al lado de mi madre, mis hermanos y las hermanas de mi madre, mi padre no ha sido muy amigo de ellos, tiene un hermoso gesto, nos deja ser, en silencio nos observa revolotear  en ese momento  a la vez sagrado y divertido.

Ahora, de adulta al cierre de fin de año hago mi propio ritual, a veces con todo el grupo familiar, otras a solas. Puedes hacer algo simple o algo más elaborado. Algunas opciones: el mapa del tesoro donde con imágenes, carteles, fotografías  pones todo lo que deseas para ti en el próximo año, recuerda todos los aspectos: físicos, mentales, espirituales. Para cerrar el año prefiero las cartas.

Escribo dos cartas, a mano alzada, no en computador, esto es muy importante. En la primera carta reconozco todos los logros del año que está terminado. Es una carta de gratitud a mi ser interno, doy gracias por lo que he sanado, por lo que he aprendido, por lo que he avanzado. Doy gracias por los asuntos en los que he sido consciente, por haberme dado cuenta de algo específico, por haber descubierto algo puntual, por haberme permitido algo que había considerado imposible para mí.

Luego paso a las emociones. Reconozco las rabias y los sinsabores liberados. Los momentos en los que lloré. Lloro fácilmente. A veces en consulta ante la historia y el dolor de un paciente no puedo evitar el nudo en la garganta y las lágrimas afloran, agradezco entonces que mi paciente tenga los ojos cerrados.

Evaluó cada aspecto: físico, de pareja, laboral, económico, familiar, del entorno y conmigo misma, en qué asuntos logré avanzar, en cuales me quedé detenida. Qué aspectos tengo que agradecer a otros, a mí.

Luego hago otra carta donde plasmo todos los aspectos que quiero soltar, para ello tomo los mismos elementos de la carta anterior.

La primera carta, la de la gratitud y el reconocimiento la conservo sirve para hacer seguimiento y para que me aguijonee en los días en que estoy baja de ánimo. La segunda, la de los aspectos que quiero soltar la llevo al fuego y llevo  las cenizas como abono de algún árbol en la finca o en una maceta de mi casa. El fuego purifica, transforma, transmuta, y  te cuento pasan cosas.

Puedes hacer de este ritual una dinámica colectiva con los miembros de tu familia: dispuestos en círculo cada integrante, lee la carta de los agradecimientos y enciende una vela, la carta de los elementos a soltar algunos querrán leerla, sugiero que sea algo que te reserves para ti, al final todos se toman de las manos y entonan o escuchan una canción que convoque a la unidad.

¿Te animas a hacer mi ritual?

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