¡Hombres: hablen, expresen, cuenten!

¡Hombres: hablen, expresen, cuenten!

Felipe tenía una relación de cinco años con Miranda, ella siempre se mostró cariñosa, complaciente, atenta, leal. Muchas veces Miranda le reclamó por sus silencios, porque no la llamaba, porque no ponía fotos de ellos en el perfil, porque no le respondía de inmediato un whatsapp, porque no le contaba que hacia durante el día, porque ya se conocían suficientes y podrían organizarse, porque…

Felipe aprendió a valerse por sí mismo, nunca nadie le ayudó a hacer una tarea, incluso pasó el bochorno, a los 7 años, de llevar un caballito de palo maltrecho mientras sus amiguitos llevaron unos hermosos caballitos cuidadosamente elaborados. Felipe aprendió de su padre el silencio, a guardarse sus sentimientos, a no mostrarse vulnerable, a nunca pedir ayuda, a sentirse superman.

En sus silencios Felipe tejía sus sueños con Miranda, en dos meses le diré que ya es el momento de vivir juntos, daremos la cuota inicial para la casa, ya tengo el punto dónde quiero que vivamos, para noviembre ella tendrá la barriguita creciendo y estaremos comprando la cuna y las cosas para el bebé…. Felipe nunca le dijo nada a Miranda, ni que se irían a vivir juntos, ni dónde comprarían la casa, ni que encargarían pronto bebé, ni que ella era la mujer con la que pensaba caminar por la vida hasta llegar a viejo.

Y un día, cuando menos lo pensó Miranda le dijo: me cansé de ti, de que esperes el momento perfecto para que nos vamos a vivir juntos, de que no me cuentes nada, de que solo me llames una vez al día, de mimarte y cuidarte, de no tener certidumbre de ti… Miranda tenía el rosario de quejas que le había reclamado una y otra vez a Felipe y éste seguro y confiado en el amor de Miranda nunca le prestó importancia.

Cuando Miranda le terminó Felipe despertó de pronto. Y se dio cuenta de que era necesario revisarse, aprender y transformarse. Al fin Felipe se ha dado cuenta de que está bien mostrarse vulnerable, decir te quiero, me haces falta, te extraño y no perder hombría, compartir los sueños y las tonterías con su pareja, que no puedes dar por sentado al otro, que la responsabilidad de la felicidad de la pareja no recae sobre uno de los dos, que la relación se construye y como una delicada planta se cuida y se riega en el día a día, nunca se descuida. Nunca.

Ps. Luz Marina Hoyos Duque

 

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